Inversores al descubierto

el norte de castilla abogados

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De las muchas dudas que asaltan a los afectados por la estafa de Afinsa y Fórum Filatélico, una prevalece, la que Amancio, un afectado que prefiere refugiar su identidad en el nombre de pila, resuelve con nublado optimismo. El abogado Andrés Vilacoba, el primero que presentó una denuncia en el caso Banfisa, principal acusación particular en el escándalo de Gescartera, y que ya suma un millar de clientes por Afinsa y Fórum, no se atreve a aventurarle una cifra. «Cuando menos, recuperará una parte de la inversión», dice. Andrés de Ruz, socio de un despacho de abogados, estima que el asunto podría tardar en resolverse dos o tres años y que, después, a la hora de cobrar, rige una estructura de prioridades para pagar a los acreedores afectados: «Los trabajadores, Hacienda y, en última instancia, los clientes». Miles de clientes. Pero que, como se presupone que los activos de una empresa insolvente no llegan para hacer frente a sus deudas, la ley establece el pago de solo un determinado porcentaje. La «parte» de la que hablaba el letrado Vilacoba.

«Si la inversión generaba intereses tan altos, ¿cómo fue posible que en todo el mundo solo dos empresas, Afinsa y Fórum, se dieran cuenta?». La pregunta planea en un foro de Internet de afectados por estafas financieras. Con la facilidad para ver más allá que ofrece disponer del hecho consumado, la respuesta es un sencillo «el fraude se veía venir». Se lo había figurado la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) cuando en abril del 2004, de forma anónima, contrató productos de ambas entidades y comprobó que no contaban con garantías suficientes. «Se ofrecían altas rentabilidades -entre el 6 y el 8%-, pero la garantía de estas inversiones, que las entidades se comprometían a recomprar a un precio superior al invertido, según el valor de catálogo, no superó el 16% del dinero invertido», explica José María Múgica, director del colectivo.

«Lamentablemente, no nos sorprende nada de lo que está pasando», añade. Quizá porque no es novedad. Una docena de casos y unos 5.000 millones de euros perdidos viene a ser el balance de los principales escándalos en que se han visto implicados en las últimas tres décadas miles de ahorradores por fiarse de quienes prometían duros a pesetas. Personas atrapadas con el señuelo de los valores filatélicos, en algunos casos, de las propiedades inmobiliarias, en otros, y que acabaron con los dedos pillados y vieron incluso que los responsables de las estafas ni siquiera iban a prisión.

Manuel Pardos, director de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas de Ahorros y Seguros (Adicae), plataforma que agrupa al mayor número de estafados por los fondos filatélicos y que ha facilitado el contacto con los protagonistas de este reportaje, es negativo. No duda en calificar el mazazo financiero que hoy afecta a 350.000 clientes como «la mayor catástrofe económica de los últimos años» y como «crisis insalvable». Pero ha habido otras.

JOSÉ COTÓN CABAÑERO

Afectado por Eurobank

«Caí en una depresión gorda»

Tenía depositados 120.000 euros a tres meses, por los que iba a recibir una rentabilidad del 6%, «por encima de la media» en el mercado de entonces. Con esos, y los 3.000 que había dado de señal, se compraría después del verano la nave donde montar el negocio de sus sueños. José Cotón pasó unas felices vacaciones. A la vuelta, se dio de bruces con la intervención de Eurobank por parte del Banco de España, a petición de la propia entidad. En el aire habían quedado los ahorros de 80.000 clientes -Cotón, uno de ellos-, unos 209 millones de euros. «Caí en una depresión gorda», recuerda el empresario. Le recetaron Prozac. «Hubo un tiempo en que mi mujer me echó en cara el haber metido el dinero allí». Aquello ya pasó, pero «la psicosis no ha cesado; ahora reparto mis ahorros en doce entidades distintas», revela. Y aún se plantea, además, depositar su dinero en Francia, donde los fondos de garantía cubren hasta 70.000 euros, o en Alemania -hasta 100.000-, a diferencia de los 20.000 que contempla la legislación española.

Aquello fue precisamente lo que ocurrió. El Banco de España consiguió un acuerdo para que el Fondo de Garantía de Depósitos Bancarios reintegrase a los afectados los 20.000 euros permitidos por la ley. Bien. Pero a José Cotón, y a otros dos millares de personas, les faltaban, por lo menos, otros 100.000. Quedaba presentar demanda, individual o colectiva. Se creó la Asociación de Afectados por Eurobank del Mediterráneo, Adaem, de la que José Cotón fue presidente. «El éxito nació de la perseverancia». La plataforma logró establecer el ‘Convenio de Acreedores’, por el que los últimos 2.000 estafados a quienes se les adeuda 135 millones de euros acaban por recibir su dinero, más un interés del 2,5% devengado, gracias a la venta de las sedes de la entidad en Madrid y Barcelona.

JUAN JOSÉ MORENO RAMOS

Afectado por Gescartera

«De 72.000 euros, he recuperado 900»

La Bolsa era poco menos que una «ciencia oculta» para Juan José Moreno cuando, sin consultárselo, la agencia de valores Gescartera optó por jugar con los 72.000 euros que Juan José había sacado de la venta de un piso y que iba a destinar al pago de otra vivienda. «La idea era retirarlo en un par de años o tres, cuando hubiera rendido algo, y liquidar la hipoteca», dice.

«Aquel 14 de junio del 2001 me presenté en las oficinas para reclamar lo que era mío. ‘No hay estafa’, me decían. ¿Pero si aparece en todos los periódicos!». Recuperó una parte ínfima, 900 euros. No ha visto más, aunque sigue cotizando por los dividendos que sus ‘acciones-fantasma’ le generan. «¿Dónde está mi dinero?», pregunta cada año que pasa en su banco.

Y la historia se repite: le enseñan, sobre el papel, cómo oscila su inversión. Sube, baja, sube, baja. «Me reconocen que es un dinero mío, nada más». La sorpresa de encontrarse los 71.400 euros que restan se hace de rogar. «Sigo peleando, mando cartas, pero ya no recibo ni respuestas. Quizá se resuelva cuando salga el juicio para los que, aun sin quererlo, éramos accionistas».

«Era un dinero claro, transparente, lo tenía declarado. Dinero honrado. ¿En qué me equivoqué?», se dice. Juan José Moreno se dejó llevar. «Ya no invierto. Tenemos una sola vida y el poco dinero que saco lo dedico a pasarlo bien con mi familia».

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